dijous, 18 de febrer de 2016

[WH40K] Capítulo III, Trasfondo

Capítulo 3: Fricciones.

Trasfondo:

El éxito de victorias cosechado por los defensores tiene sus beneficios, y sus consecuencias; muchos civiles de Elohim III se están uniendo a sus filas como tropas de apoyo y soporte en tareas fuera de la batalla, incluso con los aliados del Imperio Tau. Aprovechando esta situación, muchos humanos comenzaron a publicitar las ventajas de unirse a los xenos, promocionando el Bien Supremo y lo que ganarían separándose de las garras del Imperio de la Humanidad. Comenzaron a salir oradores, predicadores y otras figuras públicas que ensalzaban la figura de los héroes de piel azul e instigaban a muchos jóvenes a unirse a tropas de apoyo auxiliar.


Al comandante O’shark no le preocupaba esta actitud, era una reacción típica al buen trabajo que estaban haciendo en el planeta; y además con el apoyo de las diversas colonias que defendieron, los voluntarios ofrecían material para reparaciones y conocimientos rudimentarios pero efectivos. Empezaron a surgir carteles en muchas colonias y colmenas para que más personas se uniesen al Imperio Tau, creando un malestar dentro de la alianza defensora: el gobernador en funciones, Dimitri Volganov, vio estas acciones como un hecho invasivo de las fuerzas aliadas, así que contraatacó con toda la maquinaria publicitaria que el Imperio podía crear. No quería acusar abiertamente a los Tau de influir sobre la población, pues habían demostrado su valor en el campo de batalla, contraatacando con cartelería.

Pero no todos eran tan moderados como el gobernador Volganov. Al Mariscal San Jorge de los Templarios Negros el hecho de que ciudadanos imperiales se uniesen a las filas xenos le sentó como una gran traición, tanto de los mismos humanos como del Imperio Tau por aceptarlos. Ya forzó su postura para aunar fuerzas con los destacamentos del comandante O’shark, que ahora también tenía que aguantar esta situación vergonzosa a ojos del Emperador.
Así que San Jorge, junto al consejo de sus mayores allegados, el capellán Casimiro y el paladín del emperador Lázaro, tomó la decisión de romper el tratado de defensa por Elohim III. Su fanatismo y su xenofobia fueron creencias más que suficientes como para emprender esta cruzada personal contra los invasores que aparentaban ser sus amigos.


Mientras, en el bando invasor se acababa de descifrar y poner en común toda la información recopilada en el campamento del Ordo Xenos. Dar caza y captura a estos tres inquisidores se transformó en la misión principal mientras saqueaban, destruían y llevaban muerte a Elohim III. El kaudillo Ghozzbak acusó al kaudillo Xurxuc de su ineptitud, y lo culpó de su bombardeo fallido. Si hubiera hecho las cosas como un buen orko podría saber exactamente hasta qué punto los inquisidores habían avanzado en la investigación; Xurxuc no se mantuvo en silencio y respondió agresivamente a las palabras de Ghozzbak. Entonces una acalorada discusión comenzó a gestarse en la reunión de los líderes orkos y caóticos; la intensidad aumentó hasta el punto que los dos kaudillos orkos casi se lían a garrazo limpio; la intervención de los otros comandantes evitó que se derramara sangre e intentaron que se centrasen en el objetivo común que los allí reunidos tenían. El señor del caos Belial conocía que tarde o temprano esos cabezas huecos iban a pelearse, hasta que alguno de ellos se erigiese líder de todos los orkos presentes en el planeta; así es como funcionaba la naturaleza piel verde.

Dejando por un momento las diferencias a un lado, los invasores comenzaron a planificar la invasión a la provincia de Uthen Ravos. Cercana al frío norte de Elohim III, no estaba tan desarrollada industrialmente como Antares ni Amus. Su principal producción es agrícola y maderera, y los pobladores viven en colonias rurales. La excepción se erige en una colosal ciudad colmena que le da nombre al territorio; allí se reúnen los ciudadanos en las épocas más frías del año, dejando las colonias abandonadas temporalmente. Según la información recuperada, justo antes de la invasión se encontraba en el lugar la inquisidora Anka Steimberg.

No era una provincia muy grande, la mayoría de su territorio eran campos de cultivo y frondosos bosques. Así que si la inquisidora se estaba escondiendo, debía ser en una de las tres construcciones principales de la zona: la ciudad colmena Uthen Ravos, el puesto avanzado Orgullo del Sol o las recientemente encontrada Tumba Xenos en el cuadrante más al sur de la provincia. Las tropas orkas y caóticas debían ser rápidas y penetrar lo antes posible en dichas localizaciones para que el grueso defensor no entorpeciera sus avances.


Mientras se dirigían a la provincia, el Waaagh del kaudillo Xurxuc y el del kaudillo Ghozzbak tuvieron ciertos roces, picándose en carreras de motos y kamiones; un pique que acabaría por volverse en algo más que una competición por qué destartalado vehículo era más rápido. El juego sucio y las tropelías comenzaron a ser algo común en estos intentos de superioridad por parte de los dos clanes pieles verdes, que finalmente acabó como todo el universo esperaría que acabaran dos kaudillos orgullosos de sus cicatrices: guerra.
El Señor del Caos Belial sugirió dejar a los dos cabezotas zanjar su disputa, esperando que uno de ellos muriese y mantener una distracción para los defensores planetarios. Quizás así no se percataran de sus movimientos. Er’kan, el tercer kaudillo orko que lideraba un waaagh invasor, y quizás el más inteligente dentro de los orkos que habitaban ese planeta, estuvo de acuerdo con el plan de Belial. El silencio del comandante de los Guerreros de Hierro fue entendido como un sí.

Con la maquinaria invasora en marcha, el gobernador militar Dimitri Volganov dio instrucciones a los demás comandantes sobre los movimientos de los orkos y los caóticos. Pese a la disputa que estaban teniendo los clanes orkos, Volganov no fue engañado y predijo el plan del Señor del Caos Belial. Se dirigían hacia el norte por alguna razón, y allí serían interceptados y repelidos por los fieles al Emperador. Fue en este momento cuando el Mariscal San Jorge vio la oportunidad de despachar a los xenos traidores. Mientras los defensores marcharon al norte, el mariscal ordenó abrir fuego sin contemplaciones contra las tropas del Imperio Tau. No los necesitaban, pues la fe en el Emperador era la única salvación. El comandante O’shark abrió comunicaciones para conseguir respuestas a esta agresión de los Templarios Negros, pero lo único que escuchó fueron ritos, plegarias y cánticos; claramente fueron entendidos como una declaración de guerra.

Tanto el Capitán Potras Payback como el Capitán Paccael tuvieron noticias de este conflicto entre las dos fuerzas aliadas, pero decidieron continuar con el plan original antes que mediar entre xenos y sus hermanos más fanáticos. El gobernador intentó que los dos comandantes no se enzarzaran en una disputa innecesaria para los intereses de Elohim III, aunque desde el principio supo que era una situación terriblemente frágil; aun así fue incapaz de convencerlos.


Gracias por vuestro tiempo.

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