dijous, 24 de desembre de 2015

[WH40K] Templarios Negros vs Legión negra



Caballeros de San Jorge (Temp. Negros) vs Exiliados de Belial (Legión Negra).

Batalla entre Torment y Lento por sector A4.

Había amanecido y el retumbar de los morteros no había parado desde que anocheció. Ese tamboreo constante hacía que Lázaro, el Paladín del Emperador, se impacientase por entrar en combate. Su capitán le mandó esta tarea de defensa porque intuía que podría acabar con algún campeón de los dioses del caos, pero hasta el momento lo único que había hecho era calentar el asiento del Rhino junto a todos sus hermanos. 

Agarró fuertemente el comunicador y con su voz grave e inquietante se puso en contacto con las escuadras de avanzadilla:

-Cazadores de Osos. Salteadores de Caminos. Informe de la situación. 

-Aquí Cazadores de Oso reportando. Todo despejado, señor. 

– La estática de la radio cubrió toda voz humana.

- ¡Contacto con el enemigo! ¡Salteadores de Caminos informan! ¡Tropas caóticas y orkas avanzando entre las ruinas! Iniciando rutina de acoso y derribo, señor. 

–Fue inevitable que el paladín no pudiese esbozar una sonrisa dentro de su casco. 

- ¡Si, si, si! ¡Aquí Lázaro, a todos los hermanos templarios, proceda con el contraataque! 

 En cuestión de segundos los bólteres comenzaron a rugir plomo y los templarios negros avanzasen agresivamente hacia las posiciones del enemigo. Un tumulto de fanáticos del caos y pieles verdes se apostaron en las ruinas que aún se tenían en pie. Los transportes aceleraron y los templarios en motocicleta arrancaron para cubrir el flanco del avance. 

Inesperadamente una explosión sacudió el transporte de Lázaro, que ya blandía su espada a punto de salir del vehículo. El conductor abrió comunicaciones con todo el contingente.

 -¡Tienen un vindicator! ¡Tácticas evasivas! ¡Contrarrest…! 

Una segunda sacudida cortó las comunicaciones. El vindicator profanado estalló en mil pedazos cuando un proyectil del mismo calibre impactó´ de pleno en él. De entre las ruinas apareció el viejo “Castigo de Herejes”, un veterano vindicator que San Jorge recuperó en una de sus cruzadas. Demoliendo paredes y columnas el pesado tanque se posicionó para cubrir a los transportes. Al grito de “¡Ahora, ahora, ahora!” las puertas del rhino se abrieron y los templarios negros se abalanzaron sobre las líneas enemigas. Caóticos y herejes se amontonaban en la cobertura de las ruinas, pero en el cuerpo a cuerpo no podrían hacer nada por esconderse. 

Momentos antes del desembarco cayó una cápsula de transporte del cielo, portando en su interior al Hermano Acorazado Hermenegildo. Su mente permanecía firme, pero su cuerpo fue destruido en unos desafortunados acontecimientos. Fue sellado en el sagrado sarcófago de un poderoso Dreadnought y así podría continuar sirviendo al Emperador mucho más tiempo. 

Las fuerzas orkas y caóticas fueron mermadas rápidamente, ofreciendo poca resistencia. Un relámpago caído del cielo trajo al campo de batalla aquello que más anhelaba Lázaro: un rival digno. Protegido por una barroca armadura de exterminador y escoltado por exterminadores del caos, el comandante de las fuerzas enemigas hizo su aparición en el terreno. Su fuerza caótica barrió por completo una escuadra de cruzados, lo que hizo enfurecer mucho a los hermanos que presenciaron dicha desgracia. Después de disparar con toda la munición antitanque contra esos oponentes acorazados, Lázaro se lanzó a la carga contra ellos. 

-¡Por el Emperador! ¡Por Sigismund! ¡Por San Jorge! – gritó Lázaro con ira y fiereza. 

-Tus plegarias no van a servirte de nada, paladín. ¡Los dioses están conmigo! – profirió el señor del caos. 

Sus armas entrechocaron y comenzó un feroz duelo entre grandes luchadores. La garra de combate del caótico no era lo suficientemente fuerte como para atravesar la Armadura Negra de Lázaro; en cambio, la espada de los paladines era firme y cargada con la fe en el Emperador logró abrir brecha en las defensas del corrupto. Sus espadazos fueron continuos e hicieron retroceder al rival. Cuando Lázaro estaba a punto de arremeter con todas sus fuerzas, un gran cohete emergió desde la Base Fortificada Antares. Se alzaba dejando tras de sí una gran y espesa columna de humo. Finalmente el cielo fue iluminado con una gran explosión.

-No, no, ¡no! –Vociferó el señor del caos- ¡Éste no era el plan! Malditos pieles verdes zoquetes. Tú y yo no hemos acabado aún, esta pelea está por terminar, paladín. 

Una diabólica sonrisa emergió en el rostro del señor del caos antes de desaparecer en un destello de energías disformes. ¡Se había escapado! Después de ese acontecimiento las tropas caóticas restantes iniciaron su retirada, dejando Lázaro que las tropas motorizadas dieran caza a los más rezagados. 

Cuando volvió la calma el comunicador del paladín recibió una llamada entrante. Desde “Lanza de Luz” se informó que todo había sido un engaño, mientras unos sigilosos orkos se infiltraban en Antares. Lázaro, enfadado por esta situación, gritó órdenes de que los cuerpos de los herejes caídos se empalaran. Esto no iba a quedar así. 

“Pasaremos nuestras vidas luchando para crear este Imperio, y después me temo que pasaremos el resto de nuestros días luchando para mantenerlo intacto… en el futuro, solo habrá guerra.” Sigismund, Primer Gran Mariscal de los Templarios Negros.

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